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ESDRAS 10:1-44

ESDRAS 10:1-44 Reina Valera 2020 (RV2020)

Mientras Esdras oraba y hacía confesión, de modo que lloraba y se postraba delante de la casa de Dios, se reunió en torno a él una gran multitud de israelitas, hombres, mujeres y niños; y el pueblo lloraba amargamente. Entonces Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, tomó la palabra y dijo a Esdras: —Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra; pero a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel. Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres y a sus hijos, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios. ¡Que se haga conforme a la ley! Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo. ¡Anímate y pon manos a la obra! Entonces, se levantó Esdras e hizo jurar a los principales sacerdotes y los levitas, y a todo Israel, que harían conforme a esto; y ellos lo juraron. Se retiró luego Esdras de delante de la casa de Dios, y se fue a la habitación de Johanán hijo de Eliasib; pero no comió pan ni bebió agua, porque se entristeció a causa del pecado de los que habían regresado del cautiverio. Después, hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén que todos los hijos del cautiverio se reunieran en Jerusalén, y que el que no se presentara en el plazo de tres días, conforme al acuerdo de los jefes y de los ancianos, perdiera toda su hacienda y fuera excluido de la congregación de los que habían regresado del cautiverio. Así, todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días, a los veinte días del mes, que era el noveno mes; y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, aunque temblaba con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia. Entonces, se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: —Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, con lo que habéis aumentado así el pecado de Israel. Ahora, pues, dad gloria al Señor, Dios de vuestros padres, haced su voluntad y apartaos de los pueblos de las tierras y de las mujeres extranjeras. Toda la asamblea respondió en alta voz: —Hágase conforme a lo que has dicho. Pero el pueblo es muy numeroso y estamos en tiempo de lluvias; además, no podemos permanecer en la calle, ni es cuestión de un día ni de dos, pues somos muchos los que hemos pecado en esto. Que sean nuestros jefes los que se queden en lugar de toda la congregación, y vengan en fechas determinadas todos aquellos que en nuestras ciudades hayan tomado mujeres extranjeras, acompañados de los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que apartemos de nosotros el ardor de la ira de nuestro Dios a causa de esto. Solamente Jonatán hijo de Asael, y Jahazías hijo de Ticva se opusieron a esto, y los levitas Mesulam y Sabetai los apoyaron. Los que habían regresado del cautiverio actuaron de acuerdo con lo convenido. Y fueron escogidos el sacerdote Esdras y algunos jefes de familia, según sus casas paternas. El primer día del décimo mes todos ellos, personalmente, se sentaron para examinar el asunto. Y el primer día del primer mes terminaron el juicio de todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras. Entre los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesúa hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Gedalías. Estos levantaron su mano para prometer que despedirían a sus mujeres, y presentaron como ofrenda de reparación por su pecado un carnero de los rebaños. Entre los hijos de Imer: Hanani y Zebadías. Entre los hijos de Harim: Maasías, Elías, Semaías, Jehiel y Uzías. Entre los hijos de Pasur: Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa. Entre los hijos de los levitas: Jozabad, Simei, Kelaía (es decir, kelita), Petaías, Judá y Eliezer. Entre los cantores: Eliasib; y de los porteros: Salum, Telem y Uri. Entre los hijos de Israel: De los hijos de Paros: Ramía, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaía. De los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdi, Jeremot y Elías. De los hijos de Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza. De los hijos de Bebai: Johanán, Hananías, Zabai y Atlai. De los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, Adaía, Jasub, Seal y Ramot. De los hijos de Pahat-moab: Adna, Quelal, Benaía, Maasías, Matanías, Bezaleel, Binúi y Manasés. De los hijos de Harim: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y Simei. De los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel, Benaía, Bedías, Quelúhi, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenai, Jaasai, Bani, Binúi, Simei, Selemías, Natán, Adaía, Macnadebai, Sasai, Sarai, Azareel, Selemías, Semarías, Salum, Amarías y José. Y de los hijos de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadau, Joel y Benaía. Todos estos habían tomado mujeres extranjeras, y algunas de sus mujeres habían dado a luz hijos.

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ESDRAS 10:1-44 La Palabra (versión española) (BLP)

Mientras Esdras oraba y se confesaba llorando, postrado ante el Templo de Dios, se congregó junto a él una grandísima multitud de israelitas: hombres, mujeres y niños que lloraban también a lágrima viva. Tomó, entonces, la palabra Secanías, hijo de Jejiel, de la descendencia de Elam y dijo a Esdras: —Hemos sido infieles a nuestro Dios casándonos con mujeres extranjeras de las gentes del lugar. Pero a pesar de esto, todavía hay esperanza para Israel. Si le parece bien a mi señor y a cuantos respetan los mandamientos de nuestro Dios, comprometámonos ahora con nuestro Dios a despedir a todas esas mujeres y a sus hijos, haciendo que se cumpla la ley. Así que toma una decisión porque este asunto te incumbe. Nosotros estaremos contigo. ¡Ten ánimo y actúa! Entonces Esdras se puso en pie e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes, a los levitas y a todo Israel que procederían según lo pactado. Y lo juraron. Seguidamente Esdras se retiró del Templo de Dios y se marchó a la casa de Jojanán, hijo de Eliasib. Allí estuvo sin comer ni beber totalmente abrumado a causa de la infidelidad de los repatriados. Corrieron entonces la voz por Judá y Jerusalén para que todos los que habían vuelto del exilio se congregaran en Jerusalén. Aquel que no viniera en el plazo de tres días, conforme al acuerdo de los jefes y responsables de la comunidad, perdería toda su hacienda y sería expulsado de la comunidad de los repatriados. En tres días se reunieron todos los hombres de Judá y Benjamín en Jerusalén. Era el día veinte del noveno mes cuando se sentó todo el pueblo en la plaza del Templo de Dios, temblando por el asunto a tratar y por la lluvia que caía. Esdras, el sacerdote, se puso en pie y les dijo: —Vosotros habéis pecado casándoos con mujeres extranjeras y habéis aumentado así la culpa de Israel. Dad, ahora, gracias al Señor, Dios de vuestros antepasados; cumplid su voluntad y apartaos de las gentes del lugar y de las mujeres extranjeras. Toda la asamblea asintió y dijo en alta voz: —Hágase conforme a lo que dices; pero el pueblo es numeroso, el tiempo lluvioso y no podríamos resistir a la intemperie, ya que la tarea no es de un día ni de dos, pues somos muchos los que hemos pecado. Que se queden nuestros jefes en representación de toda la asamblea. Y que todos los que en nuestras ciudades se han casado con mujeres extranjeras vengan en fechas concretas y acompañados de los responsables y jueces de cada ciudad hasta que aplaquemos el furor de la ira de nuestro Dios con relación a este tema. Solo Jonatán, hijo de Asael, y Jajazías, hijo de Ticvá, se opusieron apoyados por Mesulán y el levita Sabtay. El resto de los repatriados actuaron conforme a lo acordado. Al respecto, junto con el sacerdote Esdras fueron designados nominalmente los jefes de las respectivas familias, y el día primero del décimo mes se sentaron a investigar el asunto. El día primero del primer mes concluyó la investigación de los casos de quienes se habían casado con mujeres extranjeras. Entre los descendientes de los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras, se encontraron los siguientes: De los descendientes de Josué, hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Guedalías, los cuales se comprometieron bajo juramento a despedir a sus mujeres y a ofrecer un carnero del rebaño como reparación de su culpa. De los descendientes de Imer: Jananí y Zebadías. De los descendientes de Jarín: Maasías, Elías, Semaías, Jejiel y Ozías. De los descendientes de Pasur: Elioenay, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasá. Entre los levitas: Jozabad, Simí, Quelaías (este es quelita), Petaías, Judá y Eliezer. Entre los cantores: Eliasib. Entre los porteros: Salún, Télem y Urí. Entre los israelitas seglares: de los descendientes de Parós: Ramías, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaías. De los descendientes de Elam: Matanías, Zacarías, Jejiel, Abdí, Jeremot y Elías. De los descendientes de Zatú: Elioenay, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Azizá. De los descendientes de Bebay: Jojanán, Jananías, Zabay y Atlay. De los descendientes de Baní: Mesulán, Maluc, Adaías, Jasub, Seal y Ramot. De los descendientes de Pajat-Moab: Adná, Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Besalel, Binúi y Manasés. De los descendientes de Jarín: Eliezer, Jisías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De los descendientes de Jasún: Matenay, Matatá, Zabad, Elifélet, Jeremay, Manasés y Simí. De los descendientes de Baní: Madai, Amrán, Uel, Benaías, Bedías, Quelují, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenay, Jaasay, Baní, Binúi, Simí, Selemías, Natán, Adaías, Macnadbay, Sasay, Saray, Azarel, Selemías, Semarías, Salún, Amarías y José. De los descendientes de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebiná, Jadau, Joel y Benaías. Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, algunas de las cuales habían tenido hijos.

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ESDRAS 10:1-44 Dios Habla Hoy Versión Española (DHHE)

Mientras Esdras oraba y hacía esta confesión llorando y de rodillas ante el templo de Dios, un grupo numeroso de israelitas, hombres, mujeres y niños, que lloraban también amargamente, se juntó a su alrededor. Entonces Secanías, hijo de Jehiel y descendiente de Elam, tomó la palabra y dijo a Esdras: “Nosotros no hemos sido fieles a nuestro Dios, porque nos hemos casado con mujeres extranjeras, de naciones paganas. Sin embargo, todavía hay esperanza para Israel. Comprometámonos a despedir a todas nuestras mujeres extranjeras y a sus hijos, y que se cumpla la ley, tal como tú y quienes respetan el mandamiento del Señor nos aconsejáis. Levántate, porque esto es algo que a ti te toca hacer; nosotros te apoyaremos. Anímate y manos a la obra.” Entonces Esdras se puso en pie, e hizo prometer solemnemente a los jefes de los sacerdotes y de los levitas, y a todos los israelitas, que cumplirían su compromiso; y ellos lo prometieron. Luego Esdras se retiró del templo de Dios para ir a la habitación de Johanán, hijo de Eliasib, donde pasó la noche sin comer ni beber, porque estaba muy triste por la infidelidad de los que habían vuelto del destierro. Después se hizo un llamamiento general en Judá y en Jerusalén, para que se reunieran en Jerusalén todos los que habían regresado del destierro. A todo aquel que no llegara en el plazo de tres días, según lo determinaron los jefes y consejeros, se le expropiarían sus bienes y se le expulsaría de la comunidad de los que volvieron del destierro. Por lo tanto, todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén el día veinte del mes noveno, es decir, en el término de tres días. Todos ellos se sentaron en la plaza del templo de Dios, temblando por causa de aquel asunto y de la lluvia que caía. Entonces el sacerdote Esdras se puso en pie y les dijo: –Habéis pecado al casaros con mujeres extranjeras, aumentando así la culpa de Israel. Por tanto, aquí, ante el Señor y Dios de vuestros padres, reconoced que sois culpables y cumplid la voluntad del Señor. Apartaos de la gente pagana y de esas mujeres extranjeras. Y toda la gente respondió en alta voz: –Sí, haremos lo que tú nos ordenes. Pero somos muchos y no deja de llover; además, no podemos quedarnos en la calle, ya que este asunto no es cosa de un día ni dos, pues somos muchos los que hemos cometido este pecado. Será mejor que se queden aquí nuestros jefes en representación nuestra, y que todos los que vivan en nuestras ciudades y se hayan casado con mujeres extranjeras vengan en una fecha indicada, acompañados por las autoridades y jueces de su ciudad, hasta que la ardiente ira de nuestro Dios por este asunto se aparte de nosotros. Todos los que regresaron del destierro estuvieron de acuerdo en hacerlo así, con la excepción de Jonatán, hijo de Asael, y de Jahazías, hijo de Ticvá, a quienes apoyaron Mesulam y Sabtai el levita. Entonces el sacerdote Esdras escogió y nombró personalmente algunos hombres que eran jefes de sus respectivas familias, y el día primero del mes décimo todos los nombrados formaron el tribunal para estudiar cada caso. Y el día primero del mes primero terminaron con todos los casos de hombres que se habían casado con mujeres extranjeras. Los sacerdotes a quienes encontraron casados con mujeres extranjeras fueron: De los descendientes de Josué, hijo de Josadac, y de sus parientes: Maaseías, Eliézer, Jarib y Guedalías, los cuales prometieron firmemente despedir a sus mujeres y presentaron un carnero como ofrenda por su pecado. De los descendientes de Imer: Hananí y Zebadías. De los descendientes de Harim: Maaseías, Elías, Semaías, Jehiel y Ozías. De los descendientes de Pashur: Elioenai, Maaseías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasá. De los descendientes de levitas: Jozabad, Simí, Quelaías (o sea, Quelitá), Petahías, Judá y Eliézer. De los cantores: Eliasib. De los porteros: Salum, Télem y Urí. Los demás israelitas que estaban en el mismo caso fueron: De los descendientes de Parós: Ramías, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaías. De los descendientes de Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdí, Jeremot y Elías. De los descendientes de Zatú: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Azizá. De los descendientes de Bebai: Johanán, Hananías, Zabai y Atlai. De los descendientes de Baní: Mesulam, Maluc, Adaías, Jasub, Seal y Ramot. De los descendientes de Pahat-moab: Adná, Quelal, Benaías, Maaseías, Matanías, Besalel, Binuy y Manasés. De los descendientes de Harim: Eliézer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De los descendientes de Hasum: Matenai, Matatá, Zabad, Elifélet, Jeremai, Manasés y Simí. De los descendientes de Baní: Madai, Amram, Uel, Benaías, Bedías, Queluhu, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenai, Jaasai. De los descendientes de Binuy: Simí, Selemías, Natán, Adaías, Macnadbai, Sasai, Sarai, Azarel, Selemías, Semarías, Salum, Amarías y José. De los descendientes de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebiná, Jadau, Joel y Benaías. Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, pero las despidieron a ellas y a sus hijos.

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ESDRAS 10:1-44 Nueva Versión Internacional - Castellano (NVI)

Mientras Esdras oraba y hacía esta confesión llorando y postrándose delante del templo de Dios, a su alrededor se reunió una gran asamblea de hombres, mujeres y niños del pueblo de Israel. Toda la multitud lloraba amargamente. Entonces uno de los descendientes de Elam, que se llamaba Secanías hijo de Jehiel, se dirigió a Esdras y le dijo: «Nosotros hemos sido infieles a nuestro Dios, pues tomamos por esposas a mujeres de los pueblos vecinos; pero todavía hay esperanza para Israel. Hagamos un pacto con nuestro Dios, comprometiéndonos a expulsar a todas estas mujeres y a sus hijos, conforme al consejo que nos has dado tú, y todos los que aman el mandamiento de Dios. ¡Que todo se haga de acuerdo con la ley! Levántate, pues esta es tu responsabilidad; nosotros te apoyamos. ¡Cobra ánimo y pon manos a la obra!» Al oír esto, Esdras se levantó e hizo que los jefes de los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo de Israel se comprometieran, bajo juramento, a cumplir con lo que habían dicho; y ellos lo juraron. Luego Esdras salió del templo de Dios y fue a la habitación de Johanán hijo de Eliasib. Allí se quedó sin comer pan ni beber agua, porque estaba muy deprimido por causa de la infidelidad de los repatriados. Posteriormente anunciaron en Judá y Jerusalén que todos los que habían regresado del cautiverio debían reunirse en Jerusalén. Y advirtieron que a todo el que no se presentara en el plazo de tres días, según la decisión de los jefes y dirigentes, se le quitarían sus propiedades y se le expulsaría de la asamblea de los repatriados. Por lo tanto, a los tres días, en el día veinte del mes noveno, se reunieron en Jerusalén todos los hombres de Judá y de Benjamín. Todo el pueblo se sentó en la plaza del templo de Dios, temblando por causa de ese asunto e intimidados por el aguacero que caía. Entonces el sacerdote Esdras se puso en pie y les dijo: ―Vosotros habéis sido infieles y habéis aumentado la culpa de Israel, pues habéis contraído matrimonio con mujeres extranjeras. Ahora, pues, confesad vuestro pecado al SEÑOR, Dios de nuestros antepasados, y haced lo que a él le agrada. Separaos de los paganos y de las mujeres extranjeras. Toda la asamblea contestó en alta voz: ―Haremos todo lo que nos has dicho. Pero no podemos quedarnos a la intemperie; estamos en época de lluvias y esto no es asunto de uno o dos días, pues somos muchos los que hemos cometido este pecado. Proponemos que se queden solo los jefes del pueblo, y que todos los que viven en nuestras ciudades y se han casado con mujeres extranjeras se presenten en fechas determinadas, junto con los dirigentes y jueces de cada ciudad, hasta que se aparte de nosotros la terrible ira de nuestro Dios por causa de esta infidelidad. Solo se opusieron Jonatán hijo de Asael y Jahazías hijo de Ticvá, apoyados por los levitas Mesulán y Sabetay. Los que habían regresado del cautiverio actuaron según lo que se había convenido. Entonces el sacerdote Esdras seleccionó y llamó por nombre a ciertos jefes de familia, y a partir del primer día del mes décimo se reunió con ellos para tratar cada caso. Y el primer día del mes primero terminaron de resolver los casos de todos los que se habían casado con mujeres extranjeras. Los descendientes de los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras fueron los siguientes: De Jesúa hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maseías, Eliezer, Jarib y Guedalías, los cuales se comprometieron a despedir a sus mujeres extranjeras, y ofrecieron un carnero como ofrenda de expiación por su pecado. De Imer: Jananí y Zebadías. De Jarín: Maseías, Elías, Semaías, Jehiel y Uzías. De Pasur: Elihoenay, Maseías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasá. De los levitas: Jozabad, Simí, Quelaías o Quelitá, Petaías, Judá y Eliezer. De los cantores: Eliasib. De los porteros: Salún, Telén y Uri. Y de los demás israelitas: De Parós: Ramías, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaías. De Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdí, Jeremot y Elías. De Zatú: Elihoenay, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Azizá. De Bebay: Johanán, Jananías, Zabay y Atlay. De Baní: Mesulán, Maluc, Adaías, Yasub, Seal y Ramot. De Pajat Moab: Adná, Quelal, Benaías, Maseías, Matanías, Bezalel, Binuy y Manasés. De Jarín: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De Jasún: Matenay, Matatá, Zabad, Elifelet, Jeremay, Manasés y Simí. De Baní: Maday, Amirán, Uel, Benaías, Bedías, Queluhi, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenay, Jasay. De Binuy: Simí, Selemías, Natán, Adaías, Macnadebay, Sasay, Saray, Azarel, Selemías, Semarías, Salún, Amarías y José. De Nebo: Jeyel, Matatías, Zabad, Zebiná, Jadau, Joel y Benaías. Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, y algunos habían tenido hijos con ellas.

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