Pero yo hago oídos sordos a sus amenazas; me quedo callado ante ellos como quien no puede hablar. Opté por no oír nada, y tampoco respondo. Pues a ti te espero, oh SEÑOR. Tú debes responder por mí, oh Señor mi Dios. Dije en oración: «No dejes que mis enemigos se burlen de mí, ni que se regodeen en mi caída». Estoy al borde del colapso, haciendo frente a un dolor constante. Pero confieso mis pecados; estoy profundamente arrepentido por lo que hice. Tengo muchos enemigos agresivos; me odian sin razón. Me pagan mal por bien y se me oponen porque procuro lo bueno. No me abandones, oh SEÑOR; no te quedes lejos, Dios mío. Ven pronto a ayudarme, oh Señor, mi salvador.
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