¿Renovar Qué?Sample

Querido Lector,
Una de las verdades más gloriosas del evangelio es que Dios no simplemente mejora la vida del ser humano, la transforma completamente. El cristianismo no es solamente un llamado a ser una mejor persona o adoptar principios morales más elevados. El mensaje central del evangelio anuncia que Dios ofrece algo mucho más profundo: una vida totalmente nueva.
El Pablo apóstol lo afirma con una claridad contundente en 2 Corintios 5:17 (RVR60):
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Este pasaje revela una realidad espiritual extraordinaria. Cuando una persona viene a Cristo, su identidad cambia radicalmente. Ya no está definido por su pasado, por sus pecados o por sus fracasos. Dios realiza en ella una obra sobrenatural de renovación. No se trata de reparar la vieja vida, sino de crear algo completamente nuevo.
Esta transformación es posible únicamente por medio de Jesucristo, quien mediante su muerte y resurrección abrió el camino para que el ser humano pueda experimentar la reconciliación con Dios y recibir una nueva vida espiritual.
Sin embargo, esta nueva vida no es solo un evento inicial en la experiencia cristiana; es el comienzo de un proceso continuo de renovación en el que Dios sigue trabajando en el corazón del creyente.
Ahora, desde una perspectiva teológica, convertirse en una nueva creación está relacionada con la obra de la regeneración, es decir, el nuevo nacimiento espiritual producido por el Espíritu Santo.
El mismo Jesús enseñó esta verdad cuando habló con Nicodemo en Juan 3:3 (RVR 1960):
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
El nuevo nacimiento no es simplemente un cambio de conducta externa. Es una obra sobrenatural que transforma el corazón humano. Antes de esta obra, el ser humano vive separado de Dios espiritualmente. La Biblia describe esta condición en Efesios 2:1 (Reina-Valera 1960):
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.
Pero cuando una persona cree en Cristo, Dios produce vida espiritual donde antes había muerte. El Espíritu Santo comienza a habitar en el creyente ya transformar su interior.
Una de las áreas principales donde se manifiesta esta renovación es la mente. Pablo, el apóstol de Tarso lo explica en Romanos 12:2 (Reina-Valera 1960):
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Este pasaje enseña que el creyente comienza a pensar de manera diferente. Sus valores cambian, su perspectiva sobre la vida se transforma y sus decisiones empiezan a alinearse con la voluntad de Dios. Sin embargo, aunque el creyente ha recibido una nueva naturaleza, puede experimentar luchas espirituales (Gálatas 5:17).
Esta lucha interior no significa que la transformación no sea real. Muchas veces es evidencia de que el Espíritu Santo está obrando en la vida del creyente, produciendo una nueva sensibilidad hacia el pecado y un deseo genuino de vivir para Dios.
Dios continúa esta obra de renovación mediante varios medios espirituales. Uno de los más importantes es la Palabra de Dios. Jesús oró al Padre diciendo en Juan 17:17 (RVR 60):
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.
A través de la verdad bíblica, Dios moldea la mente y el corazón del creyente. Asimismo, el Espíritu Santo comienza a producir el carácter de Cristo en su vida. Esto se describe en Gálatas 5:22–23.
La renovación también implica abandonar la vieja manera de vivir y abrazar la nueva identidad en Cristo. La Escritura exhorta en Efesios 4:22–24 (RVR60):
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestidos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.
Como puedes ver querido lector, ser una nueva creación en Cristo significa vivir desde una identidad renovada. El pasado ya no define la vida del creyente. Las cadenas del pecado han sido quebrantadas por la obra redentora de Cristo y aunque el proceso de renovación puede incluir luchas y momentos de debilidad, la esperanza del creyente descansa en la fidelidad de Dios, no en el esfuerzo personal, porque Cristo no abandonará la buena obra que ha comenzado en cada persona que ha rendido su vida a Él (Fil.1:6).
Por lo tanto, si ya has rendido tu vida a Cristo, vive conforme a la nueva vida que Dios te ha dado. No permitas que tu pasado o tus errores determinen tu identidad. Recuerda que Dios ya ha comenzado una obra de renovación en ti.
About this Plan

A la luz de las Escrituras, este recorrido espiritual explora cómo Dios desea renovar nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo para que vivamos conforme a su propósito. Cada reflexión nos guía a examinar nuestra vida interior, confrontar pensamientos, hábitos o actitudes que necesitan transformación, y permitir que el Espíritu Santo produzca un cambio real. Más que un simple cambio externo, este plan nos anima a experimentar una renovación profunda que nos acercará más a Cristo y reflejará su vida en nosotros.
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