SumérgeteMuestra

Día 1: Sumérgete en obediencia
“Midió mil codos y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos".
Así comienza el río en la visión de Ezequiel: primero llega solo a los tobillos. Dios no comienza pidiéndonos profundidad absoluta; comienza pidiéndonos obediencia en lo pequeño. Cada paso de obediencia nos sumerge un poco más en las aguas de su Espíritu.
Crecí visitando la playa todas las semanas. Al vivir en un pueblito costero, era el lugar al que íbamos casi todos los días durante el verano. Recuerdo que cuando entraba al agua y esta me llegaba hasta los tobillos, sentía mucho miedo. El agua se sentía fría, la arena parecía más atractiva y yo prefería quedarme observando a las personas disfrutar, sin tener que enfrentar el proceso de acercarme más.
Así como Ezequiel fue guiado paso a paso hacia las aguas, Dios también ha usado el agua a lo largo de la Biblia como un lugar de encuentro entre la obediencia humana y el poder divino.
“Entonces descendió Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio” (2 Reyes 5:14 RVR1960).
Naamán tenía una necesidad… pero también un problema: el orgullo. Quería el milagro, pero a su manera. El profeta Eliseo no le dio un discurso, sólo una instrucción sencilla: “Ve y sumérgete siete veces”.
Naamán tuvo que humillarse, tuvo que obedecer, tuvo que dejarse guiar. Y cuando finalmente se metió en el agua… el río lo limpió, lo sanó, lo transformó.
Recuerdo la primera vez que intenté hacer paddle board. Estaba tan segura de que era algo sencillo que decidí no escuchar las instrucciones del entrenador. Y ahí estaba sobre las aguas, sin saber qué hacer, haciéndome consciente de cuántas veces desobedezco, no presto atención por orgullo y luego pago las consecuencias.
En aquel tiempo había entrado en una relación que Dios me había advertido que no era para mí. Pero no quise escuchar. Y fue en medio de ese proceso cuando Él me mostró mis inseguridades, mi terquedad y mi orgullo, y me enseñó el valor de la obediencia.
A partir de ese momento decidí sumergirme, no en mis planes, sino en su dirección. Aprendí a escuchar, a recibir sabiduría, a dejarme guiar sin miedo. De esa experiencia nació un proceso de sanidad… y finalmente, un libro.
La obediencia te puede acercar al milagro. Cada vez que obedeces, el cielo se abre a tu favor y el río del Espíritu limpia algo en tu corazón. Ese río brota de Su presencia y trae vida, sanidad, restauración y provisión, tal como se describe en Apocalipsis 22:1–2. Y como todo río, mientras avanza, su caudal se hace más profundo, más poderoso.
Así también es la figura profética del Espíritu Santo derramado sobre nosotros cuando decidimos entrar en sus aguas. Cada paso nos lleva más adentro, hacia corrientes más profundas. No tengas temor. Cada día iremos de profundidad en profundidad si confiamos en Él y no tememos avanzar.
Recuerda esto:
El milagro no sucede cuando te acercas a las aguas; el milagro ocurre cuando te sumerges en ellas por completo y dejas que su profundidad te cubra.
Sumérgete en obediencia.
Acerca de este Plan

Un devocional de siete días para sumergirte en las aguas del Espíritu. Hoy el Espíritu Santo te dice: “Sumérgete”. Hay un río que fluye desde la presencia de Dios y trae vida, sanidad, restauración y propósito. No es un río para observar desde la orilla, sino para entrar con todo el corazón. En este plan de siete días descubrirás cómo Dios nos guía paso a paso hacia una relación más profunda con Él, mientras aprendemos a vivir en el fluir del Espíritu.
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Nos gustaría agradecer a Salt And Light Mission por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: www.elsailardo.com




